Esencia Adolescente
Kurt Donald Cobain , probablemente, habría alucinado si un viajero del futuro le hubiera dicho a mitad de los años ochenta que pronto se convertiría, no sólo en el líder de una
banda de Rock, ni tampoco en el vocalista y compositor de uno de los grupos más influyentes de finales del maldito siglo XX, sino en todo un icono generacional.
Kurt, siempre frágil, siempre pequeño, no habría podido ni imaginar la que se le venía encima. Él sólo quería hacer música rock, tocar con The Melvins e "imitar a los Pixies".
Sin embargo, el futuro le tenía preparado su propio Nirvana en forma de fulgurante carrera musical. La verdad es que el grupo no empezó con muy buen pie: cambios de nombre, un batería que se va, otro que viene...Y cuando por fin parecía que la cosa mejoraba, cuando un pequeño/ gran sello discográfico les daba su apoyo -la casa Sub Pop, que, seamos sinceros, en ocasiones ninguneó a la banda de Kurt-, aparece una multinacional, el éxito, Nevermind...Toda una pena. O puede que no. Puede que si no hubiera sido así, jamás habríamos podido disfrutar de obras tan potentes como ese disco o como In Utero, la verdadera obra maestra de Kurt. Quién sabe.
Lo cierto es que, aunque muchos no dudan en afirmar que fue la canción que da nombre a este texto la que lanzó a Nirvana a la cumbre del éxito, si nos ceñimos a los hechos, ese "honor" le pertenece a una soberbia versión del grupo Shocking Blue titulada Love Buzz -preteneciente al disco debut Bleach-, la cual se convertiría en el primer single de la banda, cosechando una gran aceptación en las radios universitarias americanas. A partir de ahí, los acontecimientos se suceden a velocidad de vértigo. No olvidemos que Bleach aparece en 1989 y que, apenas cinco años después, el cuerpo de Kurt Kobain aparecería en un pequeño invernadero de su mansión con un tiro en la cara.
Fueron pocos los años que este rubio canijo se permitió para regalar al mundo canciones tan apabullantes como In Bloom o Heart Shape Box, sonidos tan arroyadores como los de Serve the Servants o Aneurysm o jirones de tristeza como Something in the Way o Big Long Now, por citar algunas. A pesar de lo cual, Cobain nos legó una buena provisión de gritos de desidia y de guitarras rotas. Por no hablar de los temas que versionó con genialidad, y si alguien no lo cree así que escuche el The Man Who Sold the World de Bowie y luego el de Nirvana; pero no para compararlas, ya que ambas son muy distintas. Precisamente ese era el arte de Kobain: su forma de reinterpretar las canciones de los músicos a los que admiraba, como el citado Bowie, The Melvins o los Meat Puppets.
Depresivo, asustadizo, contradictorio...pero basta, esto no es una mini-biografía ni una teoría conspiranóica más sobre su suicidio. No pretende ser más que un pequeño homenaje dedicado al joven que compuso las canciones con las que más de uno ha destrozado su primera guitarra. Que en gloria esté.
Publicando en Internet desde 1823



laveron dijo
uffff...ese rasgeo de voz, ese aullido de dolor, esa trampa de llegar y morir por la meta. Nirvana me acompaña a veces, cuando me invade una bronca especial...la bronca de la impotencia y la disolución. si, cuando todo se disuelve. Y Todo es todo.
gracias jack.
saludos!!!
laura
3 Diciembre 2005 | 03:27 AM